Terapia para comprender lo que te ocurre y recuperar tu bienestar
¿En qué puedo ayudarte?
Cada persona vive el malestar de una manera diferente. Tal vez te identifiques con uno de estos motivos de consulta, con varios a la vez o con ninguno en concreto. Lo importante es encontrar un espacio en el que puedas comprender qué te está ocurriendo y sentirte acompañado en el proceso.
Ansiedad
Cuando la preocupación, el miedo o la sensación de no poder parar empiezan a ocupar demasiado espacio en tu vida.
Puede que sientas que tu mente no descansa. La preocupación constante, la necesidad de anticiparte a lo que podría ocurrir o el intento de tener todo bajo control, pueden hacer que vivas intentando controlar cada detalla para sentirte un poco más seguro. Quizá notes tensión en el cuerpo, dificultades para dormir, para desconectar, sensación de ahogo o una inquietud que no termina de desaparecer. Estos síntomas de ansiedad pueden llegar a afectar a tu trabajo, a tus relaciones o a tu capacidad para disfrutar del presente porque gran parte de tu energía está invertida en prevenir lo que pudiera pasar. En algunas ocasiones, incluso pueden aparecer ataques de ansiedad, haciendo que la sensación de pérdida de control resulte aún más intensa.
La ansiedad no aparece porque seas una persona débil ni porque haya algo "mal" en ti. Muchas veces es una respuesta que has desarrollado para adaptarte a experiencias difíciles, a una elevada autoexigencia o a situaciones que, de algún modo, te hicieron sentir inseguro. Aunque hoy genere sufrimiento, en algún momento tuvo una función: intentar protegerte.
La terapia para la ansiedad no consiste únicamente en reducir los síntomas. Desde un enfoque humanista y psicodinámico, con una perspectiva integradora, te acompañaré a comprender qué está intentando expresar ese malestar y cómo se ha ido construyendo a lo largo de tu historia. Juntos exploraremos tus emociones, tus relaciones y tus recursos para que puedas recuperar la calma, fortalecer tu bienestar emocional y vivir con mayor libertad, seguridad y confianza.
Depresión
Cuando la tristeza, el vacío o la falta de ilusión hacen que vivir el día a día se vuelva más difícil.
Puede que últimamente sientas que todo cuesta demasiado. Actividades que antes formaban parte de tu día a día ahora requieren un esfuerzo enorme, como si hubieras perdido la energía o la ilusión para hacerlas. Quizá experimentes una profunda tristeza, un vacío emocional difícil de explicar o una sensación de desconexión contigo mismo, con los demás o con la vida. También es frecuente que aparezcan pensamientos de culpa, una mirada muy crítica hacia ti o la sensación de que nada va a cambiar. Estos síntomas de la depresión pueden hacer que incluso las tareas más sencillas parezcan inalcanzables.
La depresión no es un signo de debilidad ni de falta de voluntad. A menudo es la expresión de un sufrimiento que lleva tiempo acumulándose: pérdidas, relaciones difíciles, experiencias que dejaron huella o necesidades emocionales que durante mucho tiempo no pudieron ser atendidas. Comprender el sentido de ese malestar es un paso importante para poder transformarlo.
La terapia para la depresión va más allá de aliviar los síntomas. Desde un enfoque humanista y psicodinámico, con una perspectiva integradora, te acompañaré/AYUDARÉ a comprender el origen de lo que estás viviendo, reconectar con tus emociones y recuperar una relación más amable contigo mismo. Poco a poco, construiremos los recursos necesarios para que puedas recuperar tu bienestar emocional, encontrar un nuevo sentido y volver a vivir con mayor equilibrio y esperanza.
Estrés
Cuando sientes que llevas demasiado tiempo sosteniendo más de lo que puedes y tu cuerpo y tu mente empiezan a pasar factura.
Puede que sientas que llevas demasiado tiempo intentando llegar a todo. Las responsabilidades se acumulan, apenas encuentras momentos para descansar y, aunque el día termine, tu mente sigue funcionando como si no pudiera desconectar. Quizá te sientas desbordado, notes un agotamiento constante, tengas dificultades para concentrarte o vivas con la sensación de que, por mucho que hagas, nunca es suficiente. Cuando el estrés se mantiene durante mucho tiempo, puede terminar afectando tanto a tu bienestar emocional como a tu cuerpo, especialmente si convives con un estrés laboral o personal prolongado.
El estrés no siempre depende únicamente de la cantidad de cosas que tienes que hacer. En muchas ocasiones también está relacionado con la forma en que has aprendido a responder ante las exigencias, con la dificultad para poner límites, con una elevada autoexigencia o con la necesidad de cuidar de los demás antes que de ti. Cuando estas dinámicas se prolongan, el estrés crónico puede convertirse en una forma habitual de vivir.
La terapia para el estrés no busca únicamente aliviar el malestar o gestionar el estrés, sino comprender qué te ha llevado a vivir de esta manera y ayudarte a construir un equilibrio más sostenible. Desde un enfoque humanista y psicodinámico, con una perspectiva integradora, exploraremos tu forma de relacionarte contigo mismo, con los demás y con las exigencias del día a día para que puedas recuperar la calma, priorizar tus necesidades y vivir con mayor bienestar.
Malestar emocional
Cuando sabes que no estás bien, aunque no encuentres una explicación clara a lo que te ocurre.
Puede que te cueste explicar lo que te está pasando. Simplemente sabes que no te sientes bien. Quizá te notes más irritable, desanimado, desbordado o con una sensación de vacío emocional que no consigues comprender. Hay días en los que todo parece pesar demasiado y otros en los que sientes que has perdido el rumbo sin saber exactamente por qué. No siempre es necesario ponerle un nombre a lo que ocurre para reconocer que existe un malestar emocional que merece ser escuchado.
El malestar emocional no aparece de la nada. A menudo es la forma en que nuestro mundo interno nos señala que algo necesita ser atendido: experiencias difíciles, emociones que han quedado bloqueadas, pérdidas, conflictos o necesidades que durante mucho tiempo no han encontrado espacio. Escuchar ese malestar, en lugar de ignorarlo, puede ser el primer paso para comprender lo que estás viviendo y empezar a transformarlo.
La terapia para el malestar emocional ofrece un espacio seguro donde no necesitas encajar en una etiqueta para recibir ayuda psicológica. Desde un enfoque humanista y psicodinámico, con una perspectiva integradora, exploraremos el sentido de tu experiencia, tus emociones y tu historia personal para que puedas recuperar el equilibrio, fortalecer tus recursos y construir una relación más consciente y amable contigo mismo, favoreciendo un mayor bienestar emocional.
Autoestima
Cuando la forma en que te ves y te valoras empieza a limitar lo que haces, lo que sientes o lo que crees merecer.
Puede que te cueste reconocer tu propio valor. Quizá sientas que nunca haces suficiente, que dudas de tus capacidades o que eres mucho más exigente contigo que con los demás. Tal vez necesites la aprobación de otras personas para sentirte válido, te resulte difícil poner límites o tengas la sensación de que, por mucho que te esfuerces, nunca es suficiente. Vivir con una baja autoestima puede hacer que pierdas la confianza en ti mismo, priorices las necesidades de los demás y olvides las tuyas.
La autoestima no depende únicamente de cómo piensas sobre ti, sino también de las experiencias que has vivido y de la relación que has aprendido a construir contigo mismo. Los mensajes recibidos a lo largo de tu historia, la forma en que te sentiste visto, aceptado o valorado y las relaciones más importantes de tu vida pueden influir en cómo te percibes hoy. Por eso, aprender a valorarte va mucho más allá de repetir pensamientos positivos.
La terapia para la autoestima no busca convencerte de que tengas más amor propio, sino ayudarte a construir una relación más amable, segura y auténtica contigo mismo. Desde un enfoque humanista y psicodinámico, con una perspectiva integrador, comprenderemos el origen de ese malestar, exploraremos las creencias y emociones que lo sostienen y fortaleceremos tus recursos para que puedas confiar más en ti, relacionarte contigo desde el respeto, y vivir con mayor libertad y bienestar.
Inseguridad
Cuando dudas constantemente de ti, necesitas aprobación o sientes que no eres suficiente.
Puede que vivas con la sensación de dudar de ti mismo más de lo que te gustaría. Quizá te cueste tomar decisiones por miedo a equivocarte, necesites la opinión de otras personas para sentirte tranquilo o sientas que, por mucho que te esfuerces, nunca es suficiente. A veces, la inseguridad también se manifiesta comparándote constantemente con los demás o sintiendo que no eres tan capaz como ellos creen. Vivir así puede hacer que afrontes el día a día con una preocupación constante y que pierdas la confianza en ti mismo.
La inseguridad no suele aparecer porque te falten capacidades. Con frecuencia se construye a partir de experiencias que hicieron que aprendieras a desconfiar de ti, de una elevada autoexigencia, del miedo al error o de relaciones en las que no te sentiste suficientemente valorado o validado. Con el tiempo, esa forma de mirarte puede llegar a parecer la única posible, aunque no refleje quién eres realmente.
La terapia para la inseguridad no busca que dejes de tener dudas, sino ayudarte a desarrollar una confianza más sólida y realista en ti mismo. Desde un enfoque humanista y psicodinámico, con una perspectiva integradora, te acompañaré a comprender de dónde pueden surgir tus dudas, miedos y necesidad de aprobación, exploraremos los patrones que lo mantienen y fortaleceremos tus recursos para que puedas tomar decisiones con mayor seguridad, relacionarte contigo de una forma más amable y vivir con mayor libertad y bienestar.
Relaciones
Cuando tus relaciones y vínculos se repiten de maneras que te hacen sufrir y no sabes cómo cambiarlas.
Las relaciones forman parte de nuestra vida y tienen un profundo impacto en cómo nos sentimos. Puede que algunos conflictos se repitan una y otra vez, que te cueste poner límites, expresar lo que necesitas o confiar plenamente en los demás. Quizá tengas miedo al rechazo o al abandono, sientas una necesidad constante de agradar o termines olvidándote de ti para cuidar el bienestar de otras personas. Con el tiempo, estas dificultades pueden generar un importante desgaste emocional y afectar a la forma en que vives tus vínculos.
Nuestra manera de relacionarnos no aparece por casualidad. Se va construyendo a partir de las experiencias vividas y del apego que desarrollamos en nuestras primeras relaciones. A lo largo del tiempo vamos creando patrones relacionales que, aunque en algún momento nos ayudaron a adaptarnos, pueden seguir influyendo en el presente y hacer que repitamos formas de relacionarnos que nos generan sufrimiento. Comprender estos patrones no significa buscar culpables, sino entender cómo se formaron y abrir la posibilidad de construir relaciones diferentes.
La terapia para mejorar las relaciones te ofrece un espacio seguro para comprender tu forma de vincularte contigo mismo y con los demás. Desde un enfoque humanista y psicodinámico, con una perspectiva integradora, exploraremos el origen de tus dificultades, trabajaremos las emociones y necesidades que las sostienen, comprenderemos qué se repite y desarrollaremos nuevas maneras de construir vínculos más seguros, auténticos y satisfactorios.
Problemas de pareja
Cuando algo en la relación ha cambiado y necesitáis comprender qué está pasando para volver a encontraros.
Todas las relaciones atraviesan momentos difíciles. Puede que las discusiones de pareja sean cada vez más frecuentes, que la comunicación resulte complicada o que sintáis una creciente distancia emocional. A veces aparecen la desconfianza, los reproches o la sensación de no sentirse comprendido por la otra persona. Vivir una crisis de pareja puede generar mucho dolor, incertidumbre y la impresión de que estáis atrapados en una dinámica de la que no sabéis cómo salir.
Los problemas de pareja no suelen deberse a un único acontecimiento. En ellos influyen la historia de cada miembro de la pareja, las experiencias afectivas previas, las expectativas, las heridas emocionales y la forma en que ambos habéis aprendido a relacionaros. Aunque una crisis pueda resultar muy difícil, también puede convertirse en una oportunidad para comprender mejor lo que está ocurriendo, fortalecer el vínculo y construir una relación más consciente, auténtica y satisfactoria.
La terapia para problemas de pareja ofrece un espacio seguro donde ambos podréis comprender las dinámicas que mantienen el conflicto, mejorar la comunicación en la pareja y encontrar nuevas formas de afrontar las dificultades juntos. En ocasiones, surgen aspectos personales durante el proceso que requieren una atención más profunda. Estos podrán trabajarse de forma complementaria en terapia individual, enriqueciendo así el proceso de cambio de la pareja. Desde un enfoque humanista y psicodinámico, con una perspectiva integradora, os acompañaré a explorar las emociones, necesidades y patrones relacionales que influyen en vuestra relación, y acompañaros a construir nuevas formas de comunicación, conexión y encuentro.
Dependencia emocional
Cuando necesitas al otro para sentirte bien contigo, aunque la relación también te haga sufrir.
Puede que sientas que gran parte de tu bienestar depende de la otra persona. Quizá tengas un intenso miedo al abandono, necesites una constante seguridad de que la relación va bien o te resulte muy difícil imaginar tu vida sin ella. Es posible que acabes dejando a un lado tus propias necesidades para evitar conflictos, pongas el bienestar del otro por delante del tuyo o permanezcas en relaciones de dependencia que te hacen sufrir por temor a perder el vínculo. Vivir con dependencia emocional puede generar una profunda sensación de inseguridad y desgaste.
La dependencia emocional no aparece porque seas una persona débil ni porque quieras demasiado. Muchas veces tiene su origen en experiencias afectivas que hicieron que el apego emocional se viviera con miedo, incertidumbre o necesidad de protección. Con el tiempo, estas formas de relacionarte pueden convertirse en patrones que se repiten, incluso cuando generan sufrimiento.
La terapia para la dependencia emocional te ayudará a comprender el origen de estos patrones y la función que han tenido en tu historia. Desde un enfoque humanista y psicodinámico, con una perspectiva integradora, exploraremos tus emociones, necesidades y formas de vincularte para que puedas construir relaciones más libres, seguras y equilibradas, sin renunciar al vínculo ni dejar de ser tú mismo.
Relaciones tóxicas
Cuando una relación te desgasta, te confunde o te hace sentir que estás perdiendo el contacto contigo.
Puede que, con el paso del tiempo, hayas empezado a dejar de confiar en lo que sientes o en lo que piensas. Quizá te sientas constantemente culpable, tengas miedo a expresar lo que necesitas o acabes justificando comportamientos que te hacen daño. En muchas relaciones tóxicas, el sufrimiento no aparece de golpe, sino de forma gradual, haciendo que poco a poco pierdas seguridad, autonomía y confianza en ti mismo. En algunos casos, pueden darse dinámicas de gaslighting o manipulación emocional, que llevan a cuestionar la propia percepción de la realidad y generan una profunda confusión.
Estas dinámicas no se mantienen porque seas una persona débil. A menudo influyen la historia personal, las necesidades afectivas, el miedo a perder el vínculo o patrones de relación aprendidos a lo largo de la vida. Comprender cómo se ha construido esta situación es fundamental para poder salir de ella sin culpa y recuperar tu capacidad de decidir libremente.
La terapia para relaciones tóxicas ofrece un espacio seguro para comprender lo que estás viviendo y reconstruir la relación contigo mismo. Desde un enfoque humanista y psicodinámico, con una perspectiva integradora, te acompañaré a comprender los patrones presentes en esas relaciones, reconocer aquello que te está haciendo daño y recuperar la conexión con tus necesidades, tus límites y contigo mismo.
Trauma
Cuando una experiencia del pasado sigue presente en tu forma de sentir, relacionarte o vivir el presente.
Hay experiencias que no terminan cuando suceden. A veces permanecen presentes de formas que no siempre reconocemos: una sensación constante de alerta, dificultades para confiar, recuerdos que irrumpen sin avisar, una profunda desconexión emocional o la impresión de que una parte de ti sigue atrapada en aquello que vivió. El trauma psicológico no siempre está relacionado con un único acontecimiento. También puede surgir de experiencias repetidas que dejaron heridas emocionales difíciles de integrar. En algunas personas, estas vivencias pueden dar lugar a síntomas de estrés postraumático u otras formas de malestar.
El trauma emocional no depende únicamente de lo que ocurrió, sino también de cómo pudiste vivirlo y de si contaste con la seguridad y el apoyo necesarios para afrontarlo. Comprender el sentido de esas experiencias no significa revivir el dolor, sino ofrecerle un espacio donde pueda ser elaborado e integrado.
La terapia para el trauma tiene como objetivo ayudarte a comprender cómo esas experiencias traumáticas siguen influyendo en tu presente. Desde un enfoque humanista y psicodinámico, con una perspectiva integradora, trabajaremos para que puedas recuperar una mayor sensación de seguridad, reconectar contigo mismo y construir una vida en la que el pasado deje de marcar tu presente.
Heridas de la infancia
Cuando experiencias tempranas siguen influyendo en cómo te relacionas contigo mismo y con los demás.
Puede que, siendo adulto, sigas reaccionando de formas que no siempre comprendes. Quizá te cueste confiar en los demás, tengas un intenso miedo al rechazo o al abandono, necesites agradar constantemente o sientas que nunca eres suficiente. En muchas ocasiones, estas dificultades no hablan únicamente del presente, sino también de heridas de la infancia que continúan influyendo en la manera en que te relacionas contigo mismo y con los demás. No siempre se originan en grandes acontecimientos; a veces nacen de necesidades emocionales que no pudieron ser suficientemente atendidas durante la infancia, dejando heridas emocionales que permanecen en el tiempo.
Estas experiencias pueden estar relacionadas con un trauma infantil, pero también con vivencias más sutiles y repetidas que dejaron una huella profunda. Comprenderlas no significa quedarse atrapado en el pasado ni buscar culpables, sino reconocer cómo han influido en tu historia y escuchar las necesidades de ese niño interior que aprendió a adaptarse para poder seguir adelante.
La terapia para sanar las heridas de la infancia ofrece un espacio seguro para comprender e integrar esas experiencias desde una mirada respetuosa. Desde un enfoque humanista y psicodinámico, con una perspectiva integradora, exploraremos las experiencias y vínculos de tu historia que pueden seguir influyendo en tu manera de sentirte, relacionarte y afrontar el presente, para que puedas comprender esos patrones y construir nuevas formas de estar contigo y con los demás.
Somatizaciones
Cuando el cuerpo expresa un malestar que quizá todavía no has podido poner en palabras.
Puede que lleves tiempo conviviendo con síntomas físicos que afectan a tu día a día y para los que no encuentras una explicación suficiente. Tensión muscular, molestias digestivas, sensación de opresión, cansancio persistente o dolores que aparecen y desaparecen pueden generar preocupación e incertidumbre. En algunas ocasiones, estas somatizaciones se intensifican en momentos de estrés y ansiedad, haciendo que cuerpo y mente parezcan vivir en un estado constante de alerta.
La somatización no significa que lo que sientes no sea real. Al contrario, el malestar físico es una experiencia auténtica que merece ser atendida. Cuando las causas médicas han sido descartadas o están siendo tratadas, también puede ser importante explorar cómo las emociones, las experiencias vividas o el malestar emocional pueden estar influyendo en la forma en que el cuerpo expresa el sufrimiento.
La terapia para las somatizaciones ofrece un espacio donde comprender esta relación entre cuerpo y emociones sin juzgar ni minimizar lo que estás viviendo. Desde un enfoque humanista y psicodinámico, con una perspectiva integradora, te acompañaré a escuchar y comprender la relación entre lo que sientes emocionalmente y aquello que expresa tu cuerpo, explorando qué puede estar detrás de las somatizaciones sin reducir tu experiencia únicamente a sus síntomas físicos.
Bloqueo laboral
Cuando te sientes estancado, desmotivado o incapaz de avanzar en tu vida profesional.
Puede que últimamente sientas que has perdido la motivación o que ir a trabajar se haya convertido en un esfuerzo constante. Quizá te cueste tomar decisiones sobre tu futuro profesional, tengas la sensación de estar estancado o vivas con una profunda insatisfacción laboral. En otras ocasiones, el bloqueo laboral se traduce en un agotamiento laboral que hace difícil concentrarse, disfrutar del trabajo o encontrar sentido a lo que haces. Cuando esta situación se prolonga, puede ir acompañada de estrés laboral o incluso de burnout, afectando también a tu vida personal.
El trabajo ocupa un lugar importante en nuestra identidad y en la forma en que nos relacionamos con nosotros mismos. Por eso, el bloqueo laboral no siempre tiene su origen únicamente en el entorno de trabajo. A veces también está relacionado con la autoexigencia, el miedo al cambio, la necesidad de cumplir expectativas o la dificultad para escuchar las propias necesidades.
La terapia para el bloqueo laboral ofrece un espacio para comprender qué hay detrás de este malestar y recuperar una forma más auténtica de relacionarte con tu vida profesional. Desde un enfoque humanista y psicodinámico, con una perspectiva integradora, exploraremos qué puede estar motivando tu bloqueo laboral: la exigencia, el miedo, la inseguridad, la falta de motivación, o una mezcla de varias, para que puedas comprender qué necesitas y encontrar una manera de avanzar más acorde contigo.
Crisis existencial
Cuando empiezas a cuestionarte tu vida, tus decisiones o el sentido de lo que estás viviendo.
Puede que sientas que has llegado a un momento de tu vida en el que nada parece tener el mismo sentido que antes. Quizá te preguntes quién eres, qué quieres realmente o hacia dónde deseas dirigir tu vida. A veces, una crisis existencial aparece tras una pérdida, una separación, un cambio importante o simplemente al darte cuenta de que la vida que has construido ya no refleja quién eres hoy. Estos cambios vitales pueden generar incertidumbre, vacío o un profundo malestar emocional, aunque desde fuera parezca que todo va bien.
Una crisis de vida no significa que haya algo roto en ti. En muchas ocasiones es una invitación a detenerse y revisar la propia historia, los valores, las decisiones y las formas en que has aprendido a relacionarte contigo mismo y con los demás. Buscar un nuevo sentido de la vida no consiste en encontrar respuestas rápidas, sino en permitirte explorar con honestidad quién eres y qué necesitas en este momento.
La terapia para una crisis existencial ofrece un espacio de reflexión y acompañamiento para comprender lo que estás viviendo. Desde un enfoque humanista y psicodinámico, con una perspectiva integradora, te acompañaré a explorar las preguntas, cambios y conflictos que están poniendo en cuestión tu manera de vivir, para que puedas comprender qué necesitas transformar y construir un camino más conectado con tus valores y con aquello que tiene sentido para ti.
Crecimiento personal y autoconocimiento
Cuando sientes que quieres comprenderte mejor, hacer cambios o encontrar una forma de vivir más conectada contigo.
No siempre se inicia un proceso terapéutico porque exista un problema concreto. A veces, simplemente sientes que ha llegado el momento de detenerte, comprenderte mejor o vivir de una forma más coherente contigo mismo. Quizá quieras conocerte mejor, entender por qué repites determinadas situaciones, tomar decisiones con mayor claridad o desarrollar una relación más auténtica contigo y con los demás. El crecimiento personal también forma parte del cuidado de la salud emocional.
El autoconocimiento es un proceso de descubrimiento que va más allá de identificar fortalezas o debilidades. Implica comprender cómo tu historia, tus experiencias, tus emociones y tus relaciones han ido dando forma a la persona que eres hoy. Desde esa comprensión es posible dejar de actuar únicamente desde patrones automáticos y comenzar a elegir con mayor libertad.
La terapia para el crecimiento personal ofrece un espacio donde explorar quién eres, qué necesitas y cómo deseas vivir. Desde un enfoque humanista y psicodinámico, con una perspectiva integradora, te acompañaré a desarrollar un mayor conocimiento de ti mismo, fortalecer tus recursos y favorecer un desarrollo personal que te permita construir una vida más consciente, auténtica y alineada con tus valores, promoviendo un mayor bienestar emocional.
¿Cómo puede ayudarte la psicoterapia?
Quizás hayas llegado hasta aquí porque sabes lo que sientes, o quizás experimentas un malestar que no sabes cómo explicar. Incluso puede que te cueste ponerle nombre a lo que te ocurre. La etiqueta es lo de menos, lo importante es que detrás de tu sufrimiento existe algo que necesita y merece ser escuchado y comprendido.
Entiendo el malestar psicológico como una experiencia que tiene sentido dentro de la historia de cada persona. Lo que hoy puede aparecer como ansiedad, estrés, problemas para relacionarte o baja autoestima, puede estar relacionado con experiencias vividas, necesidades que no han podido expresarse o patrones que se han ido construyendo a lo largo del tiempo. Por eso, en terapia no nos quedamos únicamente en aquello que aparece en la superficie: exploramos qué puede estar sosteniendo tu malestar y qué necesitas para poder transformarlo.
Por eso trabajo desde un enfoque humanista y psicodinámico, con perspectiva integradora. La mirada humanista me permite atender a tu experiencia presente, a tus emociones y necesidades, respetando quién eres y el ritmo de tu proceso. El enfoque psicodinámico me ayuda a explorar aquello que puede estar detrás de tu malestar: tu historia, tus vínculos, tus experiencias pasadas y determinados patrones emocionales y relaciones que pueden estar influyendo en tu presente. Con la perspectiva integradora integro ambos enfoques, porque me interesa tanto lo que estás viviendo hoy como aquello que puede estar detrás.
En terapia no voy a darte respuestas prefabricadas ni a decirte qué deberías sentir. Lo que sí haremos en terapia será construir juntos un espacio en el que puedas comprenderte en profundidad, poner palabras a lo que sientes y descubrir nuevas formas de relacionarte contigo mismo y con los demás. Juntos daremos sentido a aquello que hoy te resulta confuso, doloroso o difícil de sostener, para que puedas recuperar tu capacidad de elección, tus recursos y una mayor sensación de bienestar.
No necesitas saber exactamente qué te pasa para empezar terapia. Podemos descubrirlo juntos.
¿Dónde y cómo son nuestras sesiones?
Terapia presencial
Cercana y personal

La terapia presencial es la más conocida. En mi espacio encontrarás un lugar físico, seguro y libre de distracciones. Esto te ayudará a centrarte plenamente en el trabajo terapéutico y entrar en un espacio mental diferente.
Terapia online
Cómoda y flexible

La terapia online permite que las sesiones se adapten mejor al tiempo que dispongas y al lugar dónde te encuentres, aunque sea en la otra parte del mundo. También es una buena opción en el caso de que tengas movilidad reducida, o simplemente, prefieras la comodidad de tu hogar.
¿Cómo es el proceso juntos?
Creamos el vínculo terapéutico
Construimos un espacio seguro, basado en la aceptación incondicional, la empatía y el respeto.
Me cuentas tu historia
Exploramos tu historia personal y las experiencias que han ido dando forma a quién eres hoy.
Me hablas de tu experiencia presente
Exploramos tus emociones, pensamientos, sensaciones y vivencias actuales.
Establecemos objetivos
Vamos dando forma a aquello que quieres comprender, cambiar o recuperar, teniendo en cuenta tu momento vital y tus necesidades.
Trabajamos en tu proceso
Exploramos lo que estás viviendo, damos espacio a tus emociones y comprendemos los patrones que pueden estar influyendo en tu malestar. Juntos buscamos nuevas formas de relacionarte contigo mismo y con los demás.
Finalizamos el proceso
Cuando sintamos que has alcanzado los objetivos que nos propusimos y que cuentas con recursos para continuar tu camino de manera autónoma, valoraremos juntos el cierre de la terapia.
Y después, ¿qué?
La terapia puede terminar, pero el vínculo no tiene por qué desaparecer. Si en algún momento sientes que necesitas retomar el proceso, podrás volver a contactar conmigo.